Es de cobardes..

Me quedé de pie hasta que dejé de ver la barca. Solo el sonido del mar silenciaba mis sollozos, mientras yo, apenas sostenida por el bastón, sentí el calor de mis manos y el pequeño anillo. 

Solté el bastón para nadar, pero caminé directo al mar para desaparecer entre las olas. De pie, con el cuerpo a la mitad del agua, sintiendo la fuerza del mar, me quedé sintiendo el frío. No había luna, no había nada que iluminara aquella oscuridad. Con el temblor del cuerpo y el ruido interno, grité con todas mis fuerzas. Lejos de desaparecer en medio del agua, me di media vuelta y me dejé arrastrar de vuelta a la orilla.

El bastón en la arena fue lo único que sentí al ser arrastrada.

Poco a poco el viento se puso tibio, se sentía una calidez después del frío. Me quedé a oscuras en la playa, sintiendo ese nuevo viento cálido; no se veía ni la luna ni las estrellas.

En aquel momento sin cielo me pregunté cómo él llegaría. Pensé en sus tácticas perfectas para navegar en el mar; finalmente era un experto pirata, tanto me había cuidado de ellos. Pero bueno, no me había equivocado tampoco; solo quise comprobar y jugar el juego.

De pronto, de la nada, un ruido: un pequeño relámpago cayó en el mar y de golpe la lluvia.

Corrí hacia el interior de la isla para refugiarme entre los árboles, toda mojada y con el bastón en la mano. Intenté alejarme de la arena antes de que se convirtiese en lodo. Las gotas de agua eran frías a pesar de que el aire estaba tibio. Corría a buscar refugio; sin linterna y ahora  todo mucho más oscuro que antes. Por un momento me desorienté, fue muy extraño: era como si la brújula interna que tenía se hubiese descalibrado. No podía ver nada, absolutamente nada; la lluvia lo cubría todo. Comenzó con una fuerza y una violencia tal que tuve que moverme mucho más al interior, porque las ramas no soportaban el peso del agua y comenzaron a romperse. Tuve que huir nuevamente hacia el interior.

El cisne pasó por mi cabeza, pero no podía pensar en él: tenía que sobrevivir. Hace tiempo que en la isla las tormentas no eran tan grandes; esto estaba destruyendo todo a su paso. No había visto una tormenta así, con tanta violencia. Seguí caminando a oscuras, con la brújula interior descalibrada. Así que rendida cerré mis ojos por un momento y dejé que la tormenta hiciera su trabajo. Me acosté en el suelo boca abajo; me entregué a ser una con la tierra, entre el llanto y la tormenta.

El sonido de la lluvia, el sonido de algunos pájaros... la brújula interna se volvió a calibrar.

—Espera un momento —escuché—. Ahora muévete a la derecha.

Mojada y llena de barro en todo el cuerpo, apenas me podía mover.

—Escucha... ven, sígueme. Acá vas a estar a resguardo.

No podía ver nada.

—Cierra los ojos —me dijo.

No sé cómo lo logré con los ojos cerrados, apoyada por el bastón. No me pregunten qué sucedió, pero de pronto encontré una cueva. Entré. Estornudé fuerte, solo me di cuenta por ese estornudo, por el sonido vacío y el eco. Abrí los ojos, pero no se veía nada. Me quité la ropa; tenía muchísimo frío. Intenté resguardarme en un lugar, pero el cuerpo me temblaba. Me quedé temblando, desnuda en la cueva, mientras afuera seguía la tormenta.