Reina de corazones





Esta mañana desperté después de haber llorado, después de asumir, por primera vez, un duelo. En realidad no solo uno: uno de tantos. Creo que el que más me duele es el que se escapa completamente a mí, o podría decir que me genera mayor frustración, más que nada porque no sé si sigue vivo o está muerto. Yo he preferido apagar el dolor con lo segundo, porque una guerra nos separa, y no es cualquiera de las más actuales: Rusia, Ucrania.

Tenía oculto ese dolor y no lo quería mirar. Duele demasiado y no estaba yo con ganas de sufrir, pero en el taller de los colores de Loreto Casanueva reviví su calor solo con una palabra: BORSCHT, una sopa roja. Anoche, después de una charla con ella y de observar la pureza del corazón —pero sobre todo la fuerza, la valentía—, esa llama como muestran muchas de las hermanas, ese corazón flameante de calor, precioso, que me mostraba mi amiga, la sentí como Santa Gertrudis de Helfta, liberándome del peso de mi silencio. Me acosté llorando, desperté llorando y abrí la página número siete de su libro Cambalache.

Pocas personas conocen la importancia de su letra para mí, pero algo hermoso que dice la CH es el diagrama de lo que crece firme o deforme, que puede dar frutos o ser inútil. Para saber de qué estoy hablando, les recomiendo su libro editado por Objeto Ancla. Loreto siempre ha sido para mí un verdadero terrón de azúcar: esas personas que realmente saben amar. Me siento afortunada de poder ser su amiga. Agradecida estoy de su presencia en mi vida. Ojalá existieran muchas Loreto. Ojalá tú tengas una en tu vida, y si no, puedes ver su libro y descubrirás la hermosura en sus palabras y en sus objetos. 

Estará de gira muy pronto por México así que vayan a sus presentaciones.

Antes de que llegue el 14 de febrero, donde todos hablan de amor romántico, yo quiero hacer una oda a la amistad y probablemente me dedique a escribir sobre mis amigos. Los quiero, y cada uno es un planeta en sí mismo que gira en torno a un sistema completo que se llama amistad. Planetas que se alejan y que duelen, o que básicamente se les elimina como Plutón. Hay planetas que tienen mayor peso en nuestras vidas, otros menor, pero sin embargo todos necesitamos un sol.

Yo te pregunto: ¿quién es el de tu sistema solar?